Poema: Introspección matutina.


Odio las mentiras
porque la primera me la cuento a misma
cada vez que algo malo pasa.
Pensar que por ir de fuerte por la vida
la sensibilidad desaparecerá
no es más que un amago
de mi conciencia por autocuidado. 

A veces me arriesgo solo
cuando muy en el fondo
sé que voy a ganar.
El miedo a fracasar es
un sentimiento intrínseco
de los humanos. 

Que la poesía me ha quitado
la vergüenza
de ir desnuda por el mundo.
Porque así,
como cuando entre besos sonrió,
y no escondo nada,
entre versos
tampoco. 

Rostros sonrientes
con serpientes en sus bocas
intentando lastimarme
les sostengo la mirada y
les soy amable
porque he llegado a la conclusión:
de que a la miseria nunca la han tratado bien.
Tal vez eso me haga tonta
pero no tanto,
porque sentirme en paz
es algo que nadie puede quitarme. 

Que las tormentas llegan
y las miro por el ojo del huracán
identificándolas y presentándome,
para luego invitarles a un paseo
por los pequeños jardines de mis miedos.
Porque al final del día como dice Horus
“tener miedo no es tan malo amigo
sí por el miedo a la ignorancia
aprendí todo lo que escribo.”

 Aprendí a no sobredimensionarme
o extenderme
porque el tiempo es efímero
y el Sol no es la estrella más grande.
Por ello le niego a todos
mis méritos,
nadie tiene que reconocerme
más que yo misma.

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