El poema sin nombre.
Aprendí a
correr hacia lo que
hace palpitar mi corazón.
Ya no quiero quedarme vacía
como la vida sin canción.
La zona de
confort te va a matar,
si no hay riesgos no se hace la historia.
Si no hay pasión tu sino no perdurará,
vivirás una horrible e injusta agonía.
Buscando
siempre lo más anómalo
en la poquita parte de razón.
A veces soy muy terca, pero entiende(me),
estoy aprendiendo a buscar mi dirección.
Perdón por
darte amor sin haberlo dicho nunca.
Aprendí a hacerlo sentir, nunca a pronunciarlo.
Esas tristezas que se alojan a pensión completa
en la caja de Pandora que es mi torácica,
son las únicas que me enseñan qué
la forma más sencilla de reconocer mis sueños,
es intentándolos.
Yo me rio
a otro volumen
cuando somos tú y yo,
porque siempre supe que
llorar era reírse de la risa.
Que las
cosas no me salían bien,
porque no les abría del todo la puerta;
que esas visitas las minaba, para que,
al estallar, se me fueran las ganas.
Y no sentirme culpable
por no brindarles una buena bienvenida.
Que ahora
el arreglarme
tiene que ver con repararme,
más que con sentirme linda.
Y que incluso abajo,
muy muy abajo,
hay cielo.
Y que los
amaneceres se vuelven hermosos
luego de contar cuantas veces tuve que
odiarme para escribir un solo poema de amor
(a mí misma).
Que ahora
no veo más que eternidad,
porque para después es tarde y
el mañana no existe,
solo puedes vivir de “ahoras”.
Porque como dijo Dickinson: es de "ahoras"
como se construyen los para siempre.
Quién me
iba a decir a mí
que la manera más sutil
de salir del hueco no era escalando,
sino haciéndome más grande.
[CRECIENDO]
Que ser hija de la tierra
me ha dado pie para saber
que semillas debo dejar germinar.
Arranqué las raíces invisibles que
ataban mis pies a otros caminos.
Porque en este punto,
están los otros y yo,
y yo ya nunca me seré segunda.
Que no me
gustaba quien era,
entonces decidí ser otra.
Porque mudar de piel es bueno,
y todos los días soy diferente ya que
en cada ocaso muere quien fui,
para renacer en cada estrella.
Que soy
pequeña, sí,
pero también indispensable;
como el punto en el signo
de exclamación de apertura.
Me he dado
cuenta que voy de paso,
apenas tengo tiempo de amar.
Siempre tengo hambre de la voz del mar.
Irse es lo
más difícil,
hasta que te vas y
es la cosa más sencilla del mundo.
Como Withman, ahora sé,
que recorro un viaje perpetuo.
Ya no
quiero grises,
o es un huracán,
o un jodido día soleado.
Pero ya no quiero lloviznas.
Feliz año nuevo, xoxo.

Que bello mi niña feliz año que la bendición de DIOS te acompañe siempre tqm
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