Poema: Manifiesto de ella.


Intolerante a los individuos
cuyo ego es un vestiglo,
al exagerado,
al vago,
al tranquilo,
a lo indeleble,
a lo fugaz,
a lo grande
y, por consiguiente,
a ella misma.

Determinada por lo que desconoce,
lo sencillo no le va,
complicarse le es más fiel.
Se divierte en peligro
como Gerineldo Márquez
porque Harry Haller la hizo inmortal,
y le gusta sentirse viva
dado a que morir es mucho más fácil.

Oveja blanca sin rebaño.
Ermitaña.
Capaz de enloquecer
solo por hastío.
Mutando, pero no matando
a sus anteriores yo.
Ensimismada se dedica
a crear verso blanco,
habiendo tantos colores.
Nada en vino,
haciéndose la tonta
cada tanto para olvidar
todos sus oprobios.

Se reconoce como índigo.
Con alma gitana y corazón de carbón,
al cual cuanto más presionan,
lo convierten en diamante.
Es hija de la tierra
por eso siempre está en crecimiento.
Estado mental de un nómada,
quedarse le resulta tan simple
que irse resulta más cómodo;
te aconseja que no lo compliques.

Necesaria pese a lo corriente, 
tiene la ventaja de saber que es inolvidable.

El silencio le grita
y la música la deja sin habla.
Hace palpable lo que sueña,
toda una alquimista.
Ella lo que toca,
lo arregla o lo descompone.
Aprendió a no imaginar
ni a recordar
para poder estar presente
en cada ahora.

Ella
soy yo
en tercera persona.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El poema sin nombre.

untitled